Enseñando a los que quieren y a los que NO
En la actualidad, la diversidad de alumnado en las aulas de Secundaria es palpable con un simple vistazo en la puerta de un instituto. La labor docente está por tanto, impregnada de situaciones cotidianas de topo tipo que definen en muchas ocasiones, el clima y la identidad de la clase. Un profesor autoritario e inflexible puede ser el resultado de una experiencia frustrante anterior con un alumno o varios que, más o menos organizados, tenían como objetivo boicotear su clase.
La cultura anti-escuela o contraescolar no es nueva ni reciente -ya desde los años 70 existe este tipo de oposición- y determina notablemente nuestra actitud y forma de enseñar. Por ello, es necesario buscar respuestas a por qué tanto odio a la escuela, oposición a la autoridad del profesor -aunque se ejerza de modo democrática- y un clima tan tenso en las aulas. La etnografía (disciplina o ciencia que trata de estudiar y dar explicaciones sobre las costumbres y cultura de los grupos humanos) puede ser de gran ayuda para entender qué hay detrás de las tribus que componen los centros educativos, cuáles son sus rasgos identitarios, cómo se han formado y cómo lidiar con ellas.
Para ello os proponemos un artículo "Feito, R. (1997). Odio la escuela. Una revisión de trabajos etnográficos en sociología de la educación. Política y Sociedad, 24, 33." que aborda varios tipos de análisis etnográficos sobre la cultura contraescolar.
Os proponemos algunas investigaciones relevantes:
- "La vida en las aulas", Jackson (1991): estudio sociológico de referencia en educación. Realiza una descripción somera del ambiente en las aulas sin pretensiones teóricas e intentado superar los enfoques psicológicos. Aparece por primera vez el término "currículum oculto" y cómo éste influye en la educación de los jóvenes. Aunque la investigación detalla fielmente la realidad del centro educativo, Jackson ignora o no considera como variables a tener en cuenta, las conexiones con la familia, la cultura o el entorno extraescolar.
- "Aprendiendo a trabajar. Cómo los chicos de clase obrera consiguen trabajos de clase obrera", Paul Willis (1988): la obra cumbre de la etnografía de la educación. En este libro, Willis estudia en profundidad a un grupo de chavales varones de clase obrera (llamados colegas) en los últimos cursos de la secundaria y en los primeros meses después de abandonar la escuela. A través de entrevistas individuales y grupales, describe la forma de ser de estos jóvenes y su ambiente cultural y familiar. Consigue dar explicaciones teóricas de por qué la aversión a lo relacionado con la escuela y cómo influye esto en su transición al mundo laboral. Para un análisis más pormenorizado visitar en este mismo blog: Las tribus de la escuela Parte II. La obra de Willis sin embargo, estudia un tipo de clase obrera en vías de desaparición, no habla sobre las chicas o las minorías étnicas y dicotomiza de forma simplista la actitud de los adolescentes en conformistas y no conformistas.
-"Reading, Writing and Resistance: Adolescence and Labor in a Junior High School" , Everhart (1983): en contra de las hipótesis de Willis, Everhart estudia un grupo de jóvenes estadounidenses de clase obrera que sí rinden académicamente. Como hecho curioso, se traslada la analogía del trabajo capitalista a la instrucción escolar. Se considera como trabajo académico aquello que manda el profesor y devuelve un beneficio-salario ya sea en forma de calificación o credencial. Estos chavales -también varones- profesan un rechazo manifiesto a la escuela y a los profesores calificándolos de "hijos de puta" o "negreros". El autor dedica un capítulo interesantísimo a la artillería antiescuela: bromas, hacer preguntas irrelevantes relacionadas con la materia para perder tiempo, aprovecharse de los profesores novatos, escaqueo ilegal (falsificar firmas de los padres) y legal (apuntarse a cualquier cosa de la escuela para no dar clase).
- "Schooling Ordinary Kids" , Phillip Brown (1987): si bien en sociología, no se sabe muy bien por qué, se presta especial atención a la no conformidad, Brown dedica su estudio a los chicos invisibles de clase obrera que no presentan síntomas de rebeldía. Como dato curioso, distingue tres tipos de alumnos: cateadores, currantes y convencionales. Los cateadores son principalmente varones que acuden a la escuela a divertirse. Los currantes son los excluidos y están seriamente estigmatizados. Por último están los convencionales, que si bien aprueban y tienen un expediente aceptable, odian la escuela y tienen una percepción instrumentalista de la misma. Hacen lo mínimo para sacar adelante las materias y así evitar conflictos con los profesores.
En la investigación de Brown se abren nuevas y más ricas perspectivas del alumnado de clase obrera frente a la dicotomía de Willis.
- "Rebels Without a Cause?: Middle Class Youth & the Transition from School to Work" Peter Aggleton (1987): en este libro se propone un enfoque nuevo en la forma de estudiar la cultura contraescolar. Para ello se seleccionaron un grupo de varones de clase media cuyos padres trabajaban como profesores, funcionarios, publicistas... Lo que demuestra Aggleton es que estos chavales se mueven en ambientes altamente tolerantes, con familias de mentalidad abierta, que les dejan fumar hachís en casa, beber, dormir con personas del sexo opuesto... Esto se traduce en el ámbito escolar al rechazo de normas u horarios, y defienden una postura altamente innatista. A pesar de moverse en entornos culturales altos, estos jóvenes creen que el conocimiento no es algo que se adquiera, o vales para algo o no vales de ahí su oposición manifiesta a estudiar e implicarse en las tareas escolares.
- "Ain't no Making It Aspirations and Attainment in a Low-Income Neighborhood" , Jay MacLeod (1995): análisis etnográfico innovador por tratar por primera vez a las minorías étnicas de un barrio pobre norteamericano. Analiza la vida de dos grupos de jóvenes los colgados y los hermanos. Alguna de las conclusiones que extrae el autor de la investigación, son las diferentes percepciones que ambos grupos tienen de la escuela. Mientras los colgados -en su mayoría blancos- entienden que la pobreza es causa de la pereza o la idiotez, los hermanos -mayoría negra- achaca su imposibilidad de progresar al racismo.
- Estudios realizados a chicas, McRobbie (1978) y Griffin (1985): para finalizar de sintetizar el artículo de Feito, queremos hacer una referencia a los estudios etnográficos destinados a chicas.
McRobbie (1978) analizó un grupo de chicas de la ciudad de Birmingham que poseían cualidades semejantes a los chicos de Willis. Como rasgos destacables, profesan un profundo rechazo a la concepción de la mujer tradicional como ama de casa o persona pasiva y realzan aspectos más atrevidos y diferenciadores (les encanta maquillarse o hablar de sus novios).
Christine Griffin (1985) empleó el mismo método que Willis en su investigación de un grupo de ciento ochenta estudiantes, fundamentalmente mujeres blancas, asiáticas y caribeñas. Aunque si bien su rechazo a la escuela no tiene una percepción tan preocupante como el de los chicos (los profesores y padres entienden que las interrupciones son menos alarmantes) si es cierto que en las mujeres de clase obrera, el puente entre escuela y futuro laboral en puestos manuales no están tan claras. La autora no detectó núcleos diferenciados de cultura contraescolar ya que había chicas pro-escuela que tenían una opinión negativa de la misma.
Como conclusión, es importante destacar cómo la cultura contraescolar es fruto de un conjunto inexpugnable de situaciones culturales, cotidianas, personales y familiares que determinan la conducta de nuestros alumnos. Desde esta perspectiva y como futuros docentes, hemos de ser conscientes de que muchas de las conductas anti-escuela son producto de procesos de socialización inconscientes en los niños. Hemos por tanto de tener herramientas para conocer la realidad del centro donde trabajamos, entender el entorno y las familias que lo habitan para llevar a cabo estrategias que nos permitan contrarrestar la violencia y aversión a nuestra labor docente. Como profesores tenemos la obligación de preocuparnos por la educación de nuestros chavales y mostrarles su potencial y capacidad para superar los retos actuales.




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